Muchas veces nos complicamos la vida con recetas complicadas, exóticas o con ingredientes poco habituales cuando lo clásico, como una buena magdalena, nunca defrauda.
Y cuando hablo de magdalenas hablo de eso, de magdalenas señores. No de muffins ni de cupcakes que no voy ahora a entretenerme en explicar la diferencia entre ellos que creo que ese tema ya está muy trillado. De esas clásicas que sirven tanto para mojar en un café como en un chocolate calentito o comerlas a palo seco. De esas que han formado parte de muchos de nuestro desayunos y meriendas. De esas de nata, sin más, como las que te traigo hoy.





